martes, 15 de julio de 2014

DISCRIMINACIÓN Y RECHAZO: EL VALOR DE LA SOLEDAD.

Estar solo, prescindir de compañía, tener un momento a solas con uno mismo… es la soledad. Unos la eligen deliberadamente, otros deben lidiar con ella y tratar de escapar de sus garras. La soledad parece un estado negativo, un aislamiento de la persona, un rechazo a las reuniones de la sociedad. ¿Por qué? ¿Acaso no existieron filósofos, como Rousseau, que apostaron por la soledad como único estado en el cual el  hombre era un ser bueno y virtuoso? De hecho, su postura señalaba a la sociedad y por tanto a la unión de los individuos como los principales responsables de la degeneración del hombre y su consiguiente corrupción. Y pese a ello, todavía el mundo sigue concibiendo la idea de soledad como un motivo de desaprobación y discriminación. No es una enfermedad, no es una carencia de afecto, no es un trastorno mental. Es una forma de vida, una elección.
La persona solitaria no rechaza la sociedad ni tampoco crea un mundo aparte. Únicamente vive una vida desapegada del mundo, pero sabe y tiene conocimiento de que el mundo real permanece y debe coexistir con él y con las personas que en él habitan.  Sus amistades escasean y su desconfianza le priva de trabar lazos y vínculos más allá de un simple compañerismo. La persona solitaria es capaz de valerse por sí misma y ser independiente. Acarrea con las consecuencias de sus actos, se motiva y anima a sí misma, lo que facilita que su autoestima se mantenga firme e intacta. No necesita de terceros para valorarse. No es vanidosa ni espera que otros la feliciten por sus méritos.  La persona solitaria no tiene razón para ser antipática ni antisocial, tan solo limita su número de amistades y habla lo imprescindible y suficiente. Cuando es necesario y lo cree conveniente hace salidas grupales con sus compañeros aunque siempre prefiere un paseo a solas. Un momento de autorreflexión, un momento íntimo. Cavila, su mente está en constante movimiento. Es una persona creativa llena de nuevas ideas e imaginaciones que la trasladan a universos alternativos. No se conforma con la realidad ni con lo material. Quiere ir más allá. Sus pensamientos son suyos, no los comparte con otros individuos. La ausencia de suficientes amistades le impide que genere un sentimiento de envidia. ¿Para ella que son los celos? Para la persona solitaria los celos no tienen cabida en su vida. Apenas tiene momentos así. Lo que no significa que sea insensible. Al contrario, es un ser abiertamente sensible. Los cambios que la rodean influyen en su día a día y modifican su comportamiento, pero está capacitada para afrontarlos y deshacerse de ellos sin vacilaciones. También es detallista y presta gran atención a lo que otros consideran minucias. Es un artista, un perfeccionista. Es una persona solitaria. Pese a sus pocos vínculos con los individuos, la persona solitaria puede llegar a ser tu mayor confidente y aliado. Tiene un sinnúmero de soluciones para los problemas ajenos pues su capacidad de percepción es asombrosa y sus resoluciones formidables. Es amiga de sus amigos y se muestra impasible antes sus enemigos. Sólo busca un equilibrio espiritual, un estado de tranquilidad y silencio. Sólo busca la soledad.

No es excéntrica, no es un ser anómalo. Es una persona solitaria. ¿No hemos tenido alguna vez un momento a solas con nosotros mismos? Es innegable que sí. La menuda diferencia se halla en que en la mayoría de los casos este estado de abandono es parcial y temporal, apenas dura unos minutos y excepcionalmente horas. Por el contrario, el ser solitario adopta esta actitud de manera permanente, la tiene presente en su rutina diaria y no acostumbra a renunciar a ella, salvo en momentos puntuales. Y  a estas alturas y con toda la información de la que disponemos, ¿mantenemos  esa postura de aversión y hostilidad hacia esa clase de personas? ¿Quizás somos seres despiadados que necesitamos contemplar el dolor de otros para reafirmar nuestra propia felicidad? Ciertamente no podemos generalizar. Las personas son únicas e individuales. Si ese es el caso, ¿por qué mostrar comportamientos agresivos hacia las personas distintas y diferentes a nosotros? Tal vez somos nosotros lo distinto, lo atípico, aquello que no concuerda con el resto. La persona solitaria no es una pieza defectuosa del rompecabezas que no encaja, únicamente es una pieza habilitada para permanecer o escapar del mundo social siempre que lo desee. 
Aunque la persona solitaria escoge la soledad como forma de vida, en ocasiones el excesivo sentimiento de soledad la ahoga y consume, lo que puede desencadenar largos episodios de depresión y descontrol emocional.  Si bien ocurre esto puede que dicho individuo no haya elegido la soledad voluntariamente, sino que le haya venido impuesta bien por él mismo o por la sociedad. En este caso concretamente no se podría hablar de la <<soledad>> en un sentido positivo pues la persona que la padece no es dichosa y decae en actitudes inadecuadas catalogadas  como <<enfermedades mentales>>. No obstante, este tipo de personas solitarias no suelen ser recriminadas por su condición, ya que se consideran “enfermos”. El tema se centra en aquellos que sí han premeditado y han tomado la decisión de seguir el camino de la soledad. Personas ordinarias que han intercambiado las salidas grupales por largos paseos a solas, que encuentran la lectura como un pasatiempo elemental en su vida y evaden las fiestas de grandes dimensiones. Personas que han construido su pequeño mundo en un gran mundo, donde permiten la invasión de pocos y cuya mente viaja a lugares recónditos jamás imaginados por otros. Esa es la persona solitaria sana. Criticada, anulada y desaprobada. Vive de esa manera. Esquivando las vejaciones de otros, soportando una aflicción desmerecida, lidiando con cada uno de sus problemas sola en ausencia de apoyo y ayuda. Así es la persona solitaria. No perturba la vida del resto, pero sí ve perturbada la suya por el resto. Su poca aceptación la orienta hacia caminos tortuosos y espinosos, entre otros, el aislamiento. No el aislamiento que ella pone en práctica voluntariamente, sino otro aislamiento que la transforma en un ser asocial y antisocial, que repudia la civilización. Somos los culpables de trastornar a un ser inocente e inofensivo, de convertirlo en un monstruo, en un ente maléfico que tiene sed de venganza. Y a pesar de ello, ¿mantenemos vigente nuestro ominoso odio hacia nuestra escalofriante creación? 

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