Estar solo,
prescindir de compañía, tener un momento a solas con uno mismo… es la soledad.
Unos la eligen deliberadamente, otros deben lidiar con ella y tratar de escapar
de sus garras. La soledad parece un estado negativo, un aislamiento de la
persona, un rechazo a las reuniones de la sociedad. ¿Por qué? ¿Acaso no
existieron filósofos, como Rousseau, que apostaron por la soledad como único
estado en el cual el hombre era un ser
bueno y virtuoso? De hecho, su postura señalaba a la sociedad y por tanto a la
unión de los individuos como los principales responsables de la degeneración
del hombre y su consiguiente corrupción. Y pese a ello, todavía el mundo sigue
concibiendo la idea de soledad como un motivo de desaprobación y
discriminación. No es una enfermedad, no es una carencia de afecto, no es un
trastorno mental. Es una forma de vida, una elección.
La persona
solitaria no rechaza la sociedad ni tampoco crea un mundo aparte. Únicamente vive
una vida desapegada del mundo, pero sabe y tiene conocimiento de que el mundo
real permanece y debe coexistir con él y con las personas que en él habitan. Sus amistades escasean y su desconfianza le
priva de trabar lazos y vínculos más allá de un simple compañerismo. La persona
solitaria es capaz de valerse por sí misma y ser independiente. Acarrea con las
consecuencias de sus actos, se motiva y anima a sí misma, lo que facilita que
su autoestima se mantenga firme e intacta. No necesita de terceros para
valorarse. No es vanidosa ni espera que otros la feliciten por sus méritos. La persona solitaria no tiene razón para ser
antipática ni antisocial, tan solo limita su número de amistades y habla lo
imprescindible y suficiente. Cuando es necesario y lo cree conveniente hace
salidas grupales con sus compañeros aunque siempre prefiere un paseo a solas.
Un momento de autorreflexión, un momento íntimo. Cavila, su mente está en
constante movimiento. Es una persona creativa llena de nuevas ideas e
imaginaciones que la trasladan a universos alternativos. No se conforma con la
realidad ni con lo material. Quiere ir más allá. Sus pensamientos son suyos, no
los comparte con otros individuos. La ausencia de suficientes amistades le
impide que genere un sentimiento de envidia. ¿Para ella que son los celos? Para
la persona solitaria los celos no tienen cabida en su vida. Apenas tiene
momentos así. Lo que no significa que sea insensible. Al contrario, es un ser
abiertamente sensible. Los cambios que la rodean influyen en su día a día y
modifican su comportamiento, pero está capacitada para afrontarlos y deshacerse
de ellos sin vacilaciones. También es detallista y presta gran atención a lo
que otros consideran minucias. Es un artista, un perfeccionista. Es una persona
solitaria. Pese a sus pocos vínculos con los individuos, la persona solitaria
puede llegar a ser tu mayor confidente y aliado. Tiene un sinnúmero de
soluciones para los problemas ajenos pues su capacidad de percepción es
asombrosa y sus resoluciones formidables. Es amiga de sus amigos y se muestra
impasible antes sus enemigos. Sólo busca un equilibrio espiritual, un estado de
tranquilidad y silencio. Sólo busca la soledad.
No es
excéntrica, no es un ser anómalo. Es una persona solitaria. ¿No hemos tenido
alguna vez un momento a solas con nosotros mismos? Es innegable que sí. La menuda
diferencia se halla en que en la mayoría de los casos este estado de abandono
es parcial y temporal, apenas dura unos minutos y excepcionalmente horas. Por
el contrario, el ser solitario adopta esta actitud de manera permanente, la
tiene presente en su rutina diaria y no acostumbra a renunciar a ella, salvo en
momentos puntuales. Y a estas alturas y
con toda la información de la que disponemos, ¿mantenemos esa postura de aversión y hostilidad hacia
esa clase de personas? ¿Quizás somos seres despiadados que necesitamos
contemplar el dolor de otros para reafirmar nuestra propia felicidad?
Ciertamente no podemos generalizar. Las personas son únicas e individuales. Si
ese es el caso, ¿por qué mostrar comportamientos agresivos hacia las personas distintas
y diferentes a nosotros? Tal vez somos nosotros lo distinto, lo atípico,
aquello que no concuerda con el resto. La persona solitaria no es una pieza
defectuosa del rompecabezas que no encaja, únicamente es una pieza habilitada
para permanecer o escapar del mundo social siempre que lo desee.
Aunque la
persona solitaria escoge la soledad como forma de vida, en ocasiones el excesivo
sentimiento de soledad la ahoga y consume, lo que puede desencadenar largos
episodios de depresión y descontrol emocional. Si bien ocurre esto puede que dicho individuo
no haya elegido la soledad voluntariamente, sino que le haya venido impuesta
bien por él mismo o por la sociedad. En este caso concretamente no se podría
hablar de la <<soledad>> en un sentido positivo pues la persona que
la padece no es dichosa y decae en actitudes inadecuadas catalogadas como <<enfermedades mentales>>.
No obstante, este tipo de personas solitarias no suelen ser recriminadas por su
condición, ya que se consideran “enfermos”. El tema se centra en aquellos que
sí han premeditado y han tomado la decisión de seguir el camino de la soledad. Personas
ordinarias que han intercambiado las salidas grupales por largos paseos a solas,
que encuentran la lectura como un pasatiempo elemental en su vida y evaden las
fiestas de grandes dimensiones. Personas que han construido su pequeño mundo en
un gran mundo, donde permiten la invasión de pocos y cuya mente viaja a lugares
recónditos jamás imaginados por otros. Esa es la persona solitaria sana. Criticada,
anulada y desaprobada. Vive de esa manera. Esquivando las vejaciones de otros,
soportando una aflicción desmerecida, lidiando con cada uno de sus problemas sola
en ausencia de apoyo y ayuda. Así es la persona solitaria. No perturba la vida
del resto, pero sí ve perturbada la suya por el resto. Su poca aceptación la
orienta hacia caminos tortuosos y espinosos, entre otros, el aislamiento. No el
aislamiento que ella pone en práctica voluntariamente, sino otro aislamiento
que la transforma en un ser asocial y antisocial, que repudia la civilización. Somos
los culpables de trastornar a un ser inocente e inofensivo, de convertirlo en
un monstruo, en un ente maléfico que tiene sed de venganza. Y a pesar de ello,
¿mantenemos vigente nuestro ominoso odio hacia nuestra escalofriante creación?
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